Alzo mi mirada a la ventana. Está entreabierta y la brisa del atardecer se cuela por ella secando el último rastro que queda en mi cara de lágrimas. Quizás mi vida no fue perfecta, quizás yo no soy lo mejor del mundo pero estoy ahí quieran o no. Mis sueños ya no me hacen sentirme bien conmigo misma. Será que... Me doy contra un muro que se desvanece ante mis pies. En algún tiempo... Quizás... Me siento en el suelo encongiendo las piernas y abrazándome a ellas. Pequeñas lágrimas vuelven a surgir de mis ojos. Me pregunto porqué soy tan débil, porqué tantos comederos de cabeza, porqué tantas sensaciones que no me dicen nada sobre lo bueno o malo. Me odio.
Otra vez esa sensación de ahogo. Piensas que todo pasará, que todo se desvanecerá y volverá a brillar el sol algún día para mi. Quizás. Pero mientras tanto... Ves el vaso o medio lleno o medio vacío, sin embargo, me ahogo entre tanta ignorancia, entre tantas risas fingidas de nuevo, entre tanta soledad y oscuridad. ¿Qué es esto? ¿Qué narices ocurre por mi mente? No me encuentro bien, sinceramente... Ahora... No.
Nunca desistas en tu vida...
Uno, dos, tres, cuatro... ¡Se acabó!
-¡Basta, basta, basta! ¡BASTA!-grité con todas mis fuerzas en la soledad de mi cuarto.-Basta...-me derrumbé nuevamente, era algo ya habitual en mí.
Recuerdo con claridad cuando me cai y mi madre corrió hacía mi cogiéndome entre sus brazos dándome palabras de consuelo. Ahora no es lo mismo que cuando eres pequeña. Ahora mismo, pienso y creo, que me tengo que levantar yo sola, ahora mismo, soy yo la que tiene que tener sus propios apollos. Giro mi cara hacia las paredes de mi cuarto. Tantos sueños desperdiciados, pero que al fin y al cabo me hacían olvidarme de la puta realidad. Miré al suelo de la habitación. Con una pastilla más en mi cuerpo dormiré durante un rato... Pero no entre tanto recuerdo.
El baño de mi casa permanece aislado de un mundo que no es mío. Tan solo encontrar mi sitio, encajar perfectamente con él y olvidarme de si hago bien o mal las cosas, pero busco un hueco y no miradas de: ‘que tía más rara, que no se acerque’ o de ‘no encajará con nadie’. Para eso tengo mi grupo, pero a veces te da la sensación de que, te falta algo.
Ya está. Hay un fin para un pequeño cuento de hadas de pesadillas. Pastilla en mano, agua de la ducha fría, cuchilla en la otra mano. No soy perfecta, no pretendo serlo.
Me metí en la ducha susurrando una canción. Ven y sálvame, no puedo hacerlo sin ti...
Me senté en el agua soltando palabras “bonitas” de mi boca. Me metí la pastilla en la boca y con el agua de la ducha me la tragué. Alcé la manga de la camiseta hasta tenerla por el codo, más o menos. Me erguí toda yo pensando en si eso estaba bien o mal, yo sabía la respuesta, pero... Era y formaba parte de mi forma de ser, así que me guié por mis instintos al fin. Cerré los ojos. Ven y sálvame, me quemo por dentro sin ti... Me rasgué la muñeca con todas mis fuerzas. Solté un gritito, esta vez era definitivo... Los párpados me pesaban.
Sentada en una silla de madera en mi cuarto. La brisa del atardecer se cuela por la ventana jugando con mi pelo. Giro mi cara hacia el interior del pasillo de mi casa. Está oscuro, como mi mente, mi mundo y quizás una parte de mi vida. Una silueta con otra en brazos. Una silueta de mis subconsciente, no era la primera vez que le veía ante mis ojos soñadamente. Me traía en brazos. Una vez más.
-Quizás...No mueras hoy.-susurró delicadamente.
No dije nada, solté un suspiro. Observé con atención como dejaba mi cuerpo sin vida en la cama. Estaba durmiendo por fin. Me puse de pie, la figura del chico se desvaneció. Volví a suspirar dolida. Me acerqué a la cama donde reposaba mi cuerpo. No estaba asustada, tan solo que no me explicaba que acababa de ocurrir. Con la palma de mi mano le acaricié la mejilla a la pequeña cara. Puse mi cara encima de la suya sin vida, rocé mi nariz con la suya, cogí su cara con ambas manos. Rocé mis labios con los inertes suyos. Una lágrima resbaló por mi cara cayendo por la suya. Una de mis manos bajó por su cuello siguiendo el recorrido de sus pechos hasta el corazón. No latía. No tenía vida. Volví a llorar por el dolor de perderme en mí misma nuevamente. Seguí bajando por su brazo hasta llegar a su muñeca. Noté la herida bien abierta, bien hecha, era perfecta. Algo que había hecho con fines por fin, ¿no? Me dolió en mi mente, en mi cuerpo. Si moría... ¿Qué me quedaba? A mí nada. ¿A los demás? Si me querían lo suficiente quizás sufrirían un poco, sino... Pasaría inadvertida. ¿Si me quedaba aquí? Me quedarían cosas por vivir, lágrimas por derramar, sonrisas que realizar y dedicar, besos que entregar, palabras que decir, enfados que tener, felicidad sin límites con las personas que me quieren, tendría... Una vida con los mismos comecocos de siempre, pero estaría viva, ¿no? Despejé la mente con un movimiento suave de cabeza. Apreté la muñeca y noté la sangre en mis dedos. No me dio asco ninguno. Llevé esos dedos a los labios de mi cuerpo sin vida, los humedecí con la sangre. Seguía sin darme asco. Suspiré al fin exasperada. Sin más me dejé caer en mi muerte.
Me desperté con los ojos bien abiertos y respirando aceleradamente. Me miré la muñeca, me toqué los labios. No era nada. Ya estaba. Otro sueño del fin de mi vida distorsionado. Me volví a acostar pensando en todo y en nada, me fui durmiendo.
Sentada en la silla de madera de mi habitación. Entre las sombras me encontraba. Me observé. Era demasiado joven para irme todavía.
-Quizás no mueras hoy...-Susurré medio sonriendo.
Unendlichkeit ©


